Por dentro mio , muchas veces me sentí en el infierno . El cielo solo lo podía sentir unas pocas veces y era cuando me encontraba con las personas que amaba.
El infierno, con demonios que me oprimían y angustiaban mi interior .Me arrastraban y gobernaban mi mente , su idioma me seducía y en el abismo me dejaban .
Estaba siempre parado al borde del abismo del infierno, solo debía relajar mi cuerpo y dejarme caer . El dolor era como una manera de vivir , la queja como un aliado y el secuaz de la sombra . Anhelaba el cielo pero ya no miraba hacia arriba , solo el abismo que creía merecer .
Me sentía como un caballo que tira de un carro manejado por un cruel hombre ,con orejeras que solo me permiten mirar hacia adelante y la fusta de ese hombre golpeando mi lomo , castigado y asustado, sin sentir nada mas que los latigazos.
Ese infierno no siempre estaba ahí ,salia de el de vez en cuando . Cuantos que tenían un cielo propio me decían "Sal de ese infierno", y simplemente no podía , siempre volvía. Me rendí y pensaba que el infierno era para mi . No me importaba ese cielo que aveces visitaba .El calor eran mis días y el látigo ahora mi guía .
Pense en saltar hacia ese abismo y no salir mas .Un día me entregue por completo a ese infierno .Me pregunte en ese instante que pasaría si por una ultima vez mirase hacia el cielo .
El látigo ya no me molestaba en el lomo , si no en mi cabeza , luche con todas mis fuerzas por mirar el cielo y ahí estaba ,celeste sin nubes y un sol radiante que me desarmo por completo y comencé a correr.
El látigo golpeaba fuerte pero de igual modo corrí desesperado hacia mi cielo , con el anhelo de algo mejor, me saque las vendas de los ojos y corrí tanto que llegue a donde me esperaban ,a donde debía estar , con mis seres queridos.

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